viernes, 1 de noviembre de 2013

1

Sentía su posición. Sabía cómo estaba colocada en aquel momento y se podía imaginar a sí misma desde una perspectiva proveniente de una tercera persona. Era un observador.
Podía sentir las piernas encogidas y los pies enganchados el uno al otro, como enredaderas que trepan y se encaraman a la piel rugosa del árbol. La mano izquierda bajo la almohada, fría aun habiendo estado en contacto, y el resto del brazo flexionado bajo su pecho. La extremidad opuesta le cubría la cabeza, como si se hubiera estado protegiendo de algo -o alguien-, con los dedos sumergidos en su pelo oscuro.
Empezó a mover débilmente los dedos de los pies, congelados por la baja temperatura a la que se encontraba la habitación. La manta no le tapaba completamente, pues aun estando en aquella postura fetal-defensiva, se le había posado la gran mayoría sobre el tronco y el comienzo de las piernas. Poco a poco fue entrando en calor de manera ascendente: los dedos, los pies, tobillos, gemelos, rodillas y muslos. Notaba como la sangre fluía lenta y fogosamente por sus venas y arterias, caldeando cada tímida parte de su cuerpo, y haciendo de ella una persona viva. Estiró en primer lugar su pierna izquierda hasta el extremo de la cama, con el pie en punta como una perfecta ballerina, y a continuación la derecha. Un tutú, unas puntas y un maillot habrían faltado para haberla convertido en una danzante somnolienta. Ella, sobre un escenario ante cientos o miles de personas, con una música bella y armoniosa adornando de fondo una actuación gloriosa de una chica adormecida, dando saltos de aquí para allá, sin ser del todo consciente de sus movimientos. La voz de su profesora resonaría en su cabeza, enfadada por sus errores de niña sin coordinación: "Non, mon amour, plie et demi plie! Est très simple! Plie et demi plie!". Y todo acabaría con una gran ola de aplausos y silbidos por parte del público, mientras el telón rojo de terciopelo tapa a la muchacha y la cubre a su vez de enhorabuenas y felicitaciones por parte de sus compañeros que se escondían tras focos y cortinas.
La mano derecha se desenredó de su pelo con delicadeza, acariciando su cabeza a medida que se iba separando, y arrastrándola por todo el perfil de su cara, deteniéndose justo cuando la palma estaba sobre su boca, y los dedos posados en sus ojos cerrados. Fue entonces cuando pudo notar que el contorno de éstos estaba húmedo, y lo más probable es que hubiera llorado en sueños, pero no recordaba nada, y eso que pocas veces se olvidan los sueños dolorosos y dramáticos, que te provocan llantos nocturnos sin que puedas evitarlos. Pero ni se acordaba de aquello ni se acordaba de anoche. Nada anterior a aquellos primeros segundos de la mañana se abría paso en su mente para llegar a lo más alto, donde ella pudiese reconocerlo y comenzar a encajar piezas. Nada más que blanco y hueco. En su cabeza sólo había aire y oquedad, donde seguramente resuene el mínimo susurro.
Entonces hizo el intento de abrir sus ojos, tímidos a la luz pálida y pura de la mañana, y enfrentarse a un día más en un lugar vacío de un mundo vacío, donde nada le llenaba, pues ahora que al parecer no recordaba, también su alma estaba vacía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario